2.5 “TU SANTIDAD SEÑOR, ES EL ADRONO DE TU CASA” (Sal 92,5); CONCLUSIÓN.

Diré, finalmente, que todo este grande esfuerzo, todo este grande empeño y trabajo de restauración, no estaría completo si no recordamos conscientemente que toda su belleza, todo su esplendor, no es sino el reflejo de la perfección, belleza y santidad de Aquél que es el Santo de los santos, en cuya casa ahora descubrimos su presencia infinita, es esto lo que le da sentido y finalidad a esta obra y a esta Catedral. Por eso el Papa sigue recordándonos, y aplico sus palabras dirigidas al Obispo de Niza a nuestra Catedral, “al entrar en esa casa de Dios, cuya decoración atrae la mirada hacia las alturas y expresa el misterio de la revelación en Jesucristo, escucharán su llamada permanente a conocerlo y seguirlo, como dice el Salmo: “Tu amor, oh Dios, evocamos en medio de tu templo” (Sal 48, 10). Desde una perspectiva jubilar, irán también a obtener la fuerza del perdón, para encontrar la paz que proviene del Resucitado”.

Termino este pequeño estudio con las palabras siempre del Canónigo Guajardo en el sermón de la dedicación, palabras que ahora aplico también a la restauración: “Si para mostrar nuestro reconocimiento y dependencia del Ser Supremo, es necesario ofrecerle algo de los bienes que de su magnificencia recibimos, debemos verificarlo con el desprendimiento interior de todo lo demás y si para el adorno de la casa de Dios es muy laudable desplegar el celo más ardiente, preciso es también que en cumplimiento de las promesas que hemos hecho al Altísimo desde que profesamos su fe, renunciemos del todo al mal, y procuremos con esmero tener siempre adornadas nuestras almas con las preciosas joyas de todas las virtudes. Dad, pues, incesantes gracias al Señor, nuestro Dios, por haberse dignado consagrar, y ahora restaurar, este templo para que él sea el lugar de nuestro descanso interior, la ciudad de refugio, la casa de oración y el altar de nuestras ofrendas; más para que vuestro gozo no sea en vano y estéril, al sacrificio de alabanza acompañad el de vuestras buenas obras; y así con toda exactitud lo prevenido por el Espíritu Santo en las expresiones que he tomado por texto: Inmola Deo…”

No queda más que cantar llenos de júbilo y de gozo un cántico de acción de Gracias. A Dios, por haber llevado a buen termino esta actividad.

Gracias a nuestro Arzobispo, Don Luis Morales Reyes, por su empeño, amor e interés, por devolverle su belleza a nuestra Iglesia Catedral; al Venerable Cabildo, a los presbíteros Efraín Moreno y Gabino Medina, por su entusiasmo y dedicación en la promoción y sostenimiento de esta obra. A los restauradores Arquitectos, Alejandro Galván Arellano, Luisa Cecilia Carreras Lomelí, Juan Carlos Caldera, Rocío Oros Gael, Griselda Knochenhauer Luna, por su empeño y por su ciencia realizada en esta actividad renovadora; a los Pintores y Trabajadores por su paciencia y su esfuerzo, cuyos resultados saltan a la vista. A las Autoridades estatales y municipales por su colaboración económica y técnica en esta importantísima obra; A todos los bienhechores mensuales, por su generosa colaboración. Y a todos aquellos que de algún modo pusieron su granito de arena en esta loable y valiosa iniciativa.

No se ha restaurado un edificio cualquiera, es Nuestra Catedral, la Iglesia Madre. Análogamente como lo es la Catedral de San Juan de Letrán para la Iglesia universal, que es “Mater et Caput omnium ecclesiarum urbis et orbis, nuestra Catedral es Madre y Cabeza de todas las iglesias de la diócesis, signo sensible y visible de la Presencia Amorosa del Dios Bueno y Santo entre nosotros.

Que en ella, y desde ella, “símbolo visible de la Iglesia de Cristo, que en esta tierra ora, canta y adora… y símbolo también del Cuerpo místico de Cristo”, la Iglesia Potosina se renueve y que en este 150 aniversario de su nacimiento siga hoy y siempre Caminando con Cristo Anunciando su Evangelio.