La reflexión, un experiencia de oración

Tomás Cruz Perales

Una de las experiencias que verdaderamente alimenta las expectativas de la vida de un sacerdote, es la continuidad en su formación. No solamente es el aspecto humano, el intelectual o incluso su labor pastoral, sobre todo es el espacio que se dé en la dimensión espiritual. Más allá de lo que pueda significar esta experiencia, no solo puede considerarse, parte de este aspecto, lo celebrativo o cultual que lleva a cabo con el pueblo de Dios, sino el crecimiento personal que se intensifica con la oración personal que comporta, la plegaria establecida como lo es la “Liturgia de las Horas”, así como las prácticas de reflexión, fruto de la creatividad, ya sea individual o de grupo.

Año con año, el presbiterio potosino dejando sus trabajos pastorales, sus parroquias, sus templos, se congregaron todos en “Jesús María”. Es una semana, quienes con actitud de escucha, han vivido en estos días la experiencia del “discipulado”: la de seguir formándose, tanto espiritual como humanamente, para que con una actitud intrépida, puedan asemejarse cada momento al estilo de vida de Jesucristo. No cabe duda que esta experiencia, ya enraizada en nuestra diócesis, ha sido vivenciada por nuestros sacerdotes con mucha alegría, desde aquellos jóvenes presbíteros hasta aquellos que en la longevidad de sus años y ardua experiencia manifiestan el ejemplo, y testimonian que nunca termina el tiempo de escucha.

“La semana de ejercicios” del presbiterio potosino, se llevó a cabo del 18 al 22 de febrero. Durante estos días, el “Documento de Aparecida” de la “V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano”, fue la base de reflexión en la temática que se compartió en la sesiones para dar elementos hacia la meditación personal: La Iglesia, la espiritualidad, la experiencia sacerdotal, los laicos, la parroquia, María la perfecta discípula, entro otros, fueron las cuestiones que a la luz de este documento, se buscó infundir la alegría de la fe, para impregnar en cada uno de nuestros sacerdotes: la valentía del misionero que proclama la Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad.

Es una experiencia de nuestros sacerdotes: orando, escuchando, compartiendo la alegría, bromeando entre ellos, comiendo juntos e incluso de aquellos que se daban su tiempo para hacer largas caminatas en momentos libres que, sin duda, todo esto estimulaba esa búsqueda de la paz que engendraba el ambiente de silencio, solamente interrumpido por el ensordecedor ruido de la bocina del tren, que anunciaba su paso por el lugar. Un buen numero de sacerdotes, casi todos diocesanos, algunos “Discípulos de Jesús”, “Misioneros del Espíritu Santo” y un sacerdote del “Opus Dei”; conformaban este grupo que vivieron con gozo este tiempo de encuentro: con Jesucristo, consigo mismos, con los hermanos compañeros de trabajo, con la alegría de ser motivados en su papel de ser “discípulos y misioneros del Señor”.