JESUCRISTO, EL CAMINO.


I.- INTRODUCCION.

1.- Los Obispos de América Latina, reunidos con el Papa en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida en Brasil, propusieron a todo el continente latinoamericano, ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. Por tanto, pidieron trabajar para:
“ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía;
vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo;
formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera;
que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz” (Mensaje final, 5).

Y luego nos hacen esta advertencia: “No hemos de dar nada por presupuesto o descontado. Todos los bautizados estamos llamados a recomenzar desde Cristo, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años”(n.549).

2.- Para lograr esto es necesario conocer más profundamente a Jesucristo. Este es el propósito de estas pláticas cuaresmales. Asomarnos al misterio de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. “Recomenzar desde Cristo”.

Les invito a mirar con el corazón la imagen de Jesús, en la Ultima Cena, cuando dijo a sus discípulos: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Era la noche de la Eucaristía, era la víspera de su entrega a la muerte para salvarnos. Noche de despedida, noche de tristeza y de incertidumbre.

Quiero pedirles que nos apropiemos de Jesucristo y lo hagamos nuestro: mi Camino, mi Verdad, mi Vida.

Los Obispos volverán, una y otra vez, a este discurso de la Ultima Cena, en el que Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes ya saben el camino para ir adonde yo voy: Tomás le dijo: Pero, Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús le respondió: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre, sino por mí. Si me conocieran, conocerían también a mi Padre. Desde ahora lo conocen, pues ya lo han visto” (Jn. 14,4-7).

3.- A este respecto S. Agustín hace un hermoso comentario: “¿Preguntas cuál es el camino? Fíjate que el Señor dice en primer lugar: Yo soy el camino. Antes de decirte a donde, te indica por donde: Yo soy –dice- el camino. ¿El camino hacia donde? La verdad y la vida. Primero dice por donde has de ir, luego a donde has de ir. Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Permaneciendo junto al Padre, es verdad y vida; haciéndose hombre, se hizo camino” (L. de las H., IV domingo de Cuaresma).

4.- Es interesante destacar la importancia que se le da a la alegría en el Documento de Aparecida. Es un acento y un talante muy peculiar y muy necesario en nuestro tiempo, en un mundo inmerso en el miedo, la amargura y la decepción y en una Iglesia que muchas veces predica la fe embargada por la tristeza y la rutina. Por eso, la propuesta novedosa es la alegría del discípulo, la alegría de conocer a Jesucristo. “Por desborde de gratitud y alegría, salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicicidad y la esperanza” (n. 549). Ojalá estas noches de pláticas cuaresmales sean noches de gozo y de dicha al conocer un poco más a Jesús. ¡Necesitamos una espiritualidad de la alegría cristiana!

A este respecto, el Documento de Aparecida nos dice:

“Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado” (n. 18).

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (n. 29)

“Quien acepta a Cristo: Camino, Verdad y Vida, en su totalidad, tiene garantizada la paz y la felicidad, en esta y en la otra vida” (n. 246).

5.- En cuanto a la necesidad de conocer Jesucristo, es bueno recordar aquí lo que decía S. Pablo: “Pero lo que entonces consideraba una ganancia, ahora lo considero pérdida por amor a Cristo. Más aún, pienso incluso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, y todo lo tengo por estiércol con tal de ganar a Cristo y vivir unido a él con una salvación que no procede de la ley, sino de la fe en Cristo (…) De esta manera conoceré a Cristo y experimentaré el poder de su resurrección y compartiré sus padecimientos hasta asemejarme a él en su muerte, a ver si así logro la resurrección de entre los muertos” (Fil. 3, 7-11).

Jesucristo mismo dice en su oración al Padre, en la Ultima Cena: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn. 17, 8).

6.- Para mostrarnos cómo debemos configurarnos con Cristo Camino, Verdad y Vida, el Documento de Aparecida nos dice: “El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús-Camino, abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentira y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregándonos para que otros tengan vida en Él”(n. 137).

II.- JESUCRISTO, EL CAMINO.

Centrémonos ahora en la contemplación de Cristo, Camino, mi Camino, nuestro Camino.

1.- Todo hombre y mujer tienen necesidad de caminos y de un camino. La vida nos ofrece muchas rutas posibles y deseables, en las que con frecuencia nos extraviamos. Tenemos que elegir un camino. No podemos permanecer perplejos. “Elegir es vivir”.

2.- Jesucristo se nos ofrece como el Camino. Los primeros discípulos, antes de llamarse cristianos, se llamaban “seguidores del Camino”. Recordaban sus palabras: “Yo soy el Camino”.

Recordemos a S. Agustín que nos dice:Haciéndose hombre, se hizo camino. ¡Levántate perezoso! El camino en persona vino a ti, te despertó del sueño, si es que ha llegado a despertarte; levántate, pues, y camina. Quizá te esfuerzas en caminar y no puedes, porque te duelen los pies. ¿Por qué te duelen? ¿No será porque, movidos por la avaricia, han recorrido lugares escabrosos? Pero aquel que es la Palabra de Dios curó también a los cojos. Resulta –dirás- que tengo sanos los pies, pero no acierto a ver el camino. Piensa entonces que también abrió los ojos del ciego”(L.de las H., IV dom. De Cuaresma)

3.- Pero nosotros insistimos muchas veces como el apóstol Tomás, cuestionando a Jesucristo: “¿Cómo vamos a saber el camino?” Y la respuesta será la de hace dos mil años y la de siempre: Jesucristo es el verdadero camino hacia el Padre, quien tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Esta es la vida eterna: “Que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y a Jesucristo tu enviado” (Jn. 17,3).

Oigamos ahora al autor de la Carta a los Hebreos que nos exhorta: “Teniendo, pues, hermanos, plena seguridad para entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne” (Heb. 10, 19-20).

A este respecto, el Documento de Aparecida nos dice: “Los discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios y, al mismo tiempo, el Evangelio de Dios. Creemos y anunciamos la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Él es el único Maestro” (n. 103).

Nos preguntamos, frente a los caminos engañosos que nos ofrece el mercado del mundo, ¿cuál camino nos propone Jesucristo? Y la respuesta nos la dan los Obispos:

“Ante una vida sin sentido, Jesús nos revela la vida íntima de Dios en su misterio más elevado, la comunión trinitaria”.

“Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve en la muerte el término definitivo de la existencia, Jesús nos ofrece la resurrección y la vida eterna en la que Dios será todo en todos”.

“Ante la idolatría de los bienes terrenales, Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo”.

“Ante el individualismo, Jesús convoca a caminar juntos”.

“Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano”

“Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente la vida plena” (nn. 109-112).

4.- Y para estimular nuestro deseo de seguir a Cristo, Camino, el Documento de Aparecida nos recuerda el momento en que Jesús invita a los primeros discípulos a seguirlo, como el único Camino de vida.

“La naturaleza misma del cristianismo consiste en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo. Ésa fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron fascinados y llenos de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones. El evangelista Juan nos ha dejado plasmado el impacto que produjo la persona de Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron, Juan y Andrés. Todo comienza con una pregunta: ¿Qué buscan? A esa pregunta siguió la invitación a vivir una experiencia: Vengan y lo verán” (n. 244). Sería como decirles: síganme como a su único y óptimo camino. “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día”.

Tomemos el ejemplo de un gran discípulo: Pablo de Tarso. También para S. Pablo, todo comienza en el camino de Damasco. Todo comienza allí. Antes, todo era distinto; después, todo será distinto. Jesús le habla en el camino cuando va decidido a perseguir a los cristianos: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (…) Yo soy Jesús a quien tú persigues”. Damasco fue para San Pablo: ver al Señor; “recomenzar desde Cristo”; aceptarlo como Camino.

III. CONCLUSION.

Seguir a Jesús, como Camino, comienza con la pregunta llena de expectativa: Maestro, ¿dónde vives? ¿Dónde te encuentro para seguirte? ¿Quién eres?

Señor, hazme conocer mi camino.

Ayúdame a volver sobre mis pasos perdidos de hijo pródigo.

Ayúdame a ver los tramos de luz y de sombra en mi camino.

Ayúdame a ver en qué camino o caminos me encuentro extraviado y lejos de ti.

Esta noche el Señor me repite, suave y amorosamente: “Yo soy el Camino”. El Camino que te lleva a la Verdad y a la Vida”.

¿Estoy decidido a aceptar la dirección del camino por donde Cristo quiere llevarme?


San Luis Potosí, S.L.P., Marzo 10 de 2008.

+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.



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